Los Mejores y Los Únicos

Los Mejores y Los Únicos

Somos seres devenidos a la vida con una biología como base común, eso quizá conlleva la ilusión de creer que somos comparables los unos con los otros. Desde pequeños nos ejercitan en la competencia, primero con los hermanos, primos, vecinos y luego escolarizados con todo el universo estudiantil. El sistema de evaluación numérica. Las comparaciones se basan en la falacia de que todos podemos lo mismo y que no hay diversidad de perspectivas y destrezas. Entonces el podio será justo y ecuánime en la percepción de quién es el mejor.

Ser mejor siempre estará en relación comparativa con los otros. Referido a un ideal performativo, a lo que los otros esperan que «se sea» de acuerdo un consenso y no de acuerdo a lo que «se es». La referencia siempre hará hará de este valor «relativo a». Por ejemplo, alguien puede ser el mejor bailarín en comparación a los compañeros de escuela, pero quizá no, si se lo compara con los bailarines del teatro ruso de Bolshoi. La relatividad siempre nos habla de inestabilidad e inconstancia es decir de la precariedad de ese estado. Un estado de precariedad es proporcional a un estado de ansiedad para nuestra mente con respecto al futuro. Un individuo que se vuelve mejor en algo siempre lo será momentáneamente y por ello estará siempre amenazado. Así formulamos una vida en un estado de eterna competencia, constante estrés y sufrimiento del personaje que creemos ser, una identidad centrada en que el tener ciertas aptitudes nos coloca en una situación asimétricamente ventajosa con el resto, claro, pero precariamente ventajosa. Un estado de lucha por llegar en el cual las personas se entrenan en el continuo estrés de: a) intentar ser mejores, b) defender el «estar siendo los mejores» c) luchar contra la frustración de no lograr ser mejores.

Cualquiera que sea el caso, siempre será competitivo, comparativo y destructivo para nosotros y nuestro entorno.

Puede parecernos imposible bajarnos de la calesita en la cual nos han subido y aceptamos en función de la sortija, pero empezar a ser conscientes de éste callejón sin salida implica conectar con un principio de bienestar y salud. Comenzar a ser conscientes de la competencia que implica la carrera interminable del mérito, observar el sufrimiento que conlleva perseguir el logro cueste lo que cueste y la energía que se requiere para sostener en el tiempo ese constante intento de volvernos cada vez mejores.

¿Nos garantizará el sentirnos mejores un momento de felicidad sin la amenaza de lo impermanente?

¿Se podrá sostener esa identidad sin volvernos desconfiados y temerosos con los otros, sin crear separación desde el miedo?

Si pudiéramos alguna vez observar que es lo que en nuestro SER nos hace únicos, no intentaríamos ser los mejores, ni los mas queridos ni los menos rechazados. ¿Quién es mejor cuando se es incomparable?¿Qué superpoder mágico y genial hay en nosotros, que nos hace únicos al descubrimos desde la certeza de lo que en verdad somos?

Sabernos únicos y no mejores, es comenzar a vivir honrando el ser distintos desde la unidad, en un universo donde no hay comparación sino cooperación, sinergia y co-creación. Un universo donde el otro ya no es una amenaza sino una invitación a potenciar aquello que nos hace maravillosamente únicos a cada uno en conexión y en relación con el todo.

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